Fragmentos de Calma reúne retratos como pequeños refugios: personas y animales compartiendo presencia, sin prisa. La imagen se construye en prismas y planos —una especie de máscara serena— para que la emoción no dependa del detalle, sino del gesto y la mirada. Cada pieza reduce el mundo a lo esencial: compañía, confianza, silencio. Son escenas íntimas —a veces luminosas, a veces más sombrías— que hablan de vínculo y pertenencia, como si cada retrato guardara un instante que no quería perderse.
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